lunes, 21 de julio de 2014

Habitación

Tuve, pero ya sólo quedan pétalos. Estanterías vacías que ya no quieren ni polvo, quieren mirar por la ventana sin molestar, dejando pasar el paso. Subir las escaleras de nuevo para recordar qué se siente al descender. Encender de nuevo esa vela para exprimir de celos a la luz. Saborear el tacto de una sábana limpia, sin arrugas, cansada de que nadie descanse a su lado. Que el caracol salga de su funda, de su cueva, que se atreva a deslizarse por el acantilado hasta el suelo. Esa tarima pulida pero llena de imperfecciones, como el ser humano, como cada humano, como cada día. Buscar en círculos las esquinas por miedo a que el madrugar sea pasado. Pasear sin hacer ruido, que la juventud llega como se va. Llenar de miedo el cuerpo por temor a que se oiga desde fuera, que la gente sepa de tu existencia y de tus actos. Abrir ese cajón de días y quemarlos, convertirlos en un solo día. Esconderse debajo de la cama para no ver caras, para secar esa sed que nace de la propia vida. Pintar cuadros porque la realidad no es suficiente, quemar chimeneas en chimenea. Andar de puntillas. Echa el pestillo.