martes, 14 de mayo de 2013

Puente

Vuelvo a la vida como quien vuelve a ese puente viejo que se balancea recordando cómo fue. Tablas caídas en el fondo del río mientras el curso ya no sigue su curso, cambió hace mucho para no volver a ser el mismo. Resuena mi presencia en el pueblo cercano, pero no como hojarasca que baila en la calle, sino como agua evaporada que ya no encuentra sitio en esta tierra. Dejaron las pisadas de sonar en mi madera, dejó el viento de acariciar mi cuna. Tiempo, tú dejaste que mi nombre fuera pasado, ya no hay aves.

La sombra que un día fue grande, va disminuyendo con el paso de los días. La sustancia que un día me hizo estar en boca de algunos, ahora me hace ser pasto de salibas caducas. La sonrisa que un día me inspiró se fue a otro mar, otro río mira ahora su figura sin recordar lo alto que volaba.

Los pasajeros, vinieron y se fueron. Y nunca volvieron. Hicieron, en su día, que la rutina se quemara en visitas. Ahora, sólo vivo de ese recuerdo onírico que un día fue real. ¿A qué acostumbrarse cuando no hay nada notorio? ¿Qué delicadeza puede tener mi movimiento sin nadie que lo vea?

Ya no uno pueblos, ni uno historias, ni uno vidas. Un día fui el tránsito de muchos que quisieron que yo formara parte de lo suyo. ¿Y ahora qué? ¿Qué pensar? ¿Qué creer? Ya no hay luz en las miradas, no hay pisadas que me recuerden. Sólo esa desgastada mirada que va erosionando la poca verdad que me quedaba. Los recuerdos ya son imaginaciones, sueños y delirios.

Este puente ya no sostiene vuestro peso. Ya no balancea vuestros cuerpos deseosos de vida. Ahora sólo quedan cuatro tablas, dos cuerdas y recuerdos. “Átame a la vida”, oí un día a un joven. Yo os di suelo por donde andar y forjar. Silencio viaja conmigo, no tengo miedo al ruido.