jueves, 8 de noviembre de 2012

Lágrima salada

Dulce crepitar de ansia y despido,
alarma de ánimos cansados
que yacen en ese olivo sin sombra
que aguardó su momento.

Nazco donde nacen las montañas,
donde los ríos se acaban,
donde el mar comienza
y donde me dejan.

Sucumbo entre aires de nobleza
en este cuerpo pobre y seco
que siembra lágrimas a su paso,
y cenizas a su llegada.

Quiero verter lagos de odio
a esos sabios de corbata
y cortos de mirada
que mirando conquistan mundo.

Nube de esperanza que se evaporó
dejando caer su lluvia en ninguna calle,
en ningún patio se escuchó su eco
y nunca más fue recordada.

No quiero el nombre de ellos,
ni el oxigeno que llena su ego,
ni sus miradas que intimidan,
sólo quiero verles en el fuego.

Seré ese truhán que canta bebido
en tu portal mientras la paz lo habita,
mientras el sueño no venza
los ilusiones de un fracaso continuo.

Olvido este mundo creando tierras
lejanas en una mente empobrecida,
pero sigo mirando el pasto sin sangre
colorada que me avergüence.

Lágrima salada vuelve a tu sitio
mientras yo arreglo mis pensamientos
y diles que estén siempre alerta
que pronto haré mi última firma.

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