miércoles, 28 de noviembre de 2012

Verde

Amor helado. Lava brotando. Cálida sonrisa. Llanto controlado. Ojos fijos. Verdes. Ojos. Verdes. Sólo quiero ese verde. No hay color contigo.

Anestesiando días. Quemando meses. Soportando años. Enterrando miedos. Elevando temores. Sufro y no puedo. Quiero amor y fuego, no hielo y ego.

Verde, como ese prado que arde. Como ese pájaro que vuela. Esa hierba que piso. Esa compañía que busco. Ese deseo que enreda el alma de vaho.

Verde. Verde. Verde. Aún te veo sin verte. Te toco sin tenerte. Te sueño a todas horas. Es lunes. 12 en punto. Quiero verte. ¿Dónde paras?

lunes, 19 de noviembre de 2012

Mecer el tiempo

Viendo amanecer en noviembre
en esa escalera fría y estrecha
que no deja espacio para dos,
no da calor para los dos.

Cansado de amanecer igual,
sin tacto al desencanto nacido
en ese mes maldito de enero,
en esa costumbre callada.

Cayendo nieve por el tejado
sin temor al vacío
ni al calor del suelo,
yo sigo sentado.

Sentado, esperando ese cambio
que viene y se va con la misma fuerza.

Camina desafiando mi vida y espera,
quiero mecer el tiempo mintiendo.

Mintiendo mi existencia con esperanza,
con ese pasto verde que siempre arde
a las noches por ese ron que me pierde,
por ese lugar que ya no frecuentas.

Aún veo ese mirada ciega de amor
en los ojos de aquél que elegiste,
ese ángel de rojo que sólo sonríe
cuando me cruza la mirada.

Nada ves en él pero le sigues,
no quieres pero no puedes dejarle,
me miras igual pero no te atreves.
Sigo sin tener hueco en el banco.

Sentado, esperando ese cambio
que viene y se va con la misma fuerza.

Camina desafiando mi vida y espera,
quiero mecer el tiempo viviendo.



jueves, 8 de noviembre de 2012

Lágrima salada

Dulce crepitar de ansia y despido,
alarma de ánimos cansados
que yacen en ese olivo sin sombra
que aguardó su momento.

Nazco donde nacen las montañas,
donde los ríos se acaban,
donde el mar comienza
y donde me dejan.

Sucumbo entre aires de nobleza
en este cuerpo pobre y seco
que siembra lágrimas a su paso,
y cenizas a su llegada.

Quiero verter lagos de odio
a esos sabios de corbata
y cortos de mirada
que mirando conquistan mundo.

Nube de esperanza que se evaporó
dejando caer su lluvia en ninguna calle,
en ningún patio se escuchó su eco
y nunca más fue recordada.

No quiero el nombre de ellos,
ni el oxigeno que llena su ego,
ni sus miradas que intimidan,
sólo quiero verles en el fuego.

Seré ese truhán que canta bebido
en tu portal mientras la paz lo habita,
mientras el sueño no venza
los ilusiones de un fracaso continuo.

Olvido este mundo creando tierras
lejanas en una mente empobrecida,
pero sigo mirando el pasto sin sangre
colorada que me avergüence.

Lágrima salada vuelve a tu sitio
mientras yo arreglo mis pensamientos
y diles que estén siempre alerta
que pronto haré mi última firma.