sábado, 19 de mayo de 2012

Palma silenciosa

Retales roídos en ese néctar de costumbre que nos mata. Respaldo de vivencias me dejan reguero de ira y amor de mis compañeros de pisadas. Quisimos deslegitimar al tiempo restando segundos a la vida que ahora son necesarios. Maltratamos la distancia a los sentimientos buscando callejones siniestros que sólo trajeron soledad y remordimiento. Quisimos visitar el futuro dejándonos el presente tumbado en la inocencia asqueada por la inexperiencia. Pudimos ser aquello que ahora no recordamos pero nos olvidamos del sabor de la intriga, de la necesidad de retos por perder, de aceras por desnudar, de humillaciones que combatir...

Ahora, sombrío y lúcido. Sonrío por ese miedo que se escondía en arbustos de necesidad, necesidad de encontrar y probar, sentir y llorar, caminar y perderse, vivir y sentir. Te deseo tiempo, sólo deseo que le entregues tiempo y esperanza. Fugaz seré en mi partida como fui en mi testimonio. Vuelvo por si acaso te perdiste la última mirada del maestro y su última palabra.

Nos toca que nuestras palabras sean recordadas. Sobre barro crearemos cimiento para que las generaciones futuras lo destruyan y construyan cimiento desde el barro. Me da vértigo el fin de algo, bueno, el comienzo de algo. Pero hay valor y constancia. Sólo os prometo eso. Me voy como vine, sin hacer ruido. Encantado de veros. Me llevo vuestras caras. Dejaros guiar por los mayores.

martes, 1 de mayo de 2012

Dame tiempo y te daré recuerdos

Los segundos me persiguen como la memoria al exiliado. Camino por arcilla contando las gotas que me restan para ser firme. El inconforme me comprende, el ansioso me odia. No hay meta en el horizonte, sólo pasos de vida que me acercan a un final. No tiene que ser triste y solitario.

La distancia es la necesidad de vernos. Recorro mi vida esperando ese día para dar camino y eternidad a la melancolía. Esperad el verde rayo que se alce en el horizonte dando color y nombre a mis deseos. Arrinconados en mi vida seremos eternos para nosotros y los nuestros. Camino indeciso por el juego vil del destino. No quiero enfadarte. Me voy a ninguna parte.

Refugio de pocos fue mi tesoro. Anduve cercano a la puesta del sol a las tantas de la madrugada buscando deshabitar las horas. Calculé los segundos con tal de no perder minutos. Busqué roca como abrigo, sol al callejón y, al final, solo, vuelvo a tu calle. Te despido. Me ignoras. Me vuelvo afortunado. Estoy sereno. He querido volver más allá del antes. Triste y solitario.