domingo, 22 de abril de 2012

Néctar

Brisa cantábrica me desvela
caído en sombras
me acerco a tu barrio.

Guiado por las mismas pisadas
de hace dos décadas
al sol de enero.

Negocios intactos al cabalgar
de la vida que resbala
amontonando deseos.

Desvío mi mirada por esas fachadas
que fueron lugar y morada
quemadas por fuego.

No sé el porqué de mi vuelta
al parque sin columpios
queriendo volver a jugar.

Despacio observo nuestro cine,
invisible a los ojos del joven
que crece deprisa.

Supurando recuerdos hechos asfalto
busco el lugar de nuestra huella
en ese descampado tiritante.

17, nuestro número grabado
en esa puerta que llama al deseo
hecho pasto de días.

Los vecinos ni se inmutan
con el lento crepitar del despertar
de aquel que estuvo muerto.

Te escribí hace dos semanas
y me citaste donde empezó mi vida
que mereció recuerdo.

Bajas las escaleras y resucito
como néctar en el campo
que une nuestra ruta.

Te fuiste. No llamaste.
Sufrí. Recordé. Olvidé.
Pero te quiero como ayer.

He tardado. He vuelto.
Quiero ser rutina en tu vida.
Yo siempre quise volver al ayer.

lunes, 2 de abril de 2012

Camino de arcilla

Secundando deseos
pinté aceras en legañas
perdido en tacto.

Busco la palabra idónea
que haga sendero
para sanar heridas.

Suelo llano y oscuro
con aroma a marea
que mece cada tormenta.

Anhelo de días y lluvia
en ese álamo que aparece
cuando te veo.

Nado pendiente de alivio
en la claridad que concedes
con tu presencia.

Debato olvidar o luchar,
sanar o herir recuerdos
cuando acercamos perfiles.

Aire mojado que la tocas,
da valor y sabiduría
a este tuerto de añoranzas.

Decide mi hoy sin ayer,
mi vida con futuro
surcando su sombra.

Hace tiempo que la escribo
pero su silencio sepulta
caricias olvidadas.

Déjame volver a su día,
amanecer con su olor
y morir con su compañía.