jueves, 22 de septiembre de 2011

La luz ciega

Viendo la luz que no ciega
me acostumbré a ser pastor
de pocas ovejas.

Escuché el meandro de consuelos
cercanos al mar inmenso,
sin miedo al llanto.

Dibujé sonrisas en arena
que fueron polvo
en el desierto de la soledad.

Busco en el reflejo desnudo
alguna mancha que me limpie
el perdón sucio.

La espera es mi vida que no arranca,
el crisol que no derrama paz
en este valle que ahoga.

Vuelvo, miro y admiro
a todos los pasos cruzados
que dan muerte al odio.

Quiero verte sin que notes mi presencia. Relájate, no hay esquinas para el olvido. Somos los que se apresuraron a dejarlo todo para conseguir nada. Pero no temas. Somos más que ellos. No somos la luz que ciega a la población, somos el faro al que miraran en medio de la tormenta. Ellos que entretengan, nosotros a lo nuestro. Nunca fuimos muchos, nunca lo seremos. Yo te oigo, tú que me escuchas. Para qué quiero más. El problema de ellos es que nunca supieron escuchar.

viernes, 16 de septiembre de 2011

Mismo aire

Hundido despierto en la cuna que ya no mece. Saboreando la espera a base de licor. Escondido durante toda mi vida en un cuerpo que ya no me ata. Amaneceres perdieron su encanto. Anocheres iluminan puertas que nunca consigo pasar. Desierto de paz, araño minutos a una vida que no fluye. Tanto hilo por quemar, tanta baldosa por pisar. Quiero volver.

Nadando en círculos para disfrutar el momento. Respiro y el aire deja que recuerde el sentido. Sigo viviendo del sol y de sus rayos. Te busco. Te encuentro. Somos el pasillo por el cual nunca habíamos caminado. No es factible tu vida con mi muerte. Esperanzado ando por esa casa deshabitada. No nos cruzamos la mirada. Sólo compartimos el mismo aire.

martes, 13 de septiembre de 2011

Mundos

No hay respiro, ni permiso en cada aliento que surca la tierra. Necesidad me avasalla dándome lugares sin dirección, silencios obligados, amaneceres de polvo y arena que hacen cierta este condena. Me deslizo entre serrines que no marcan el camino, ríos de dudas que me hacen llegar siempre con retraso. Estoy en tu templo pero no descansa mi espíritu, sigo buscando la colina adecuada para anclar mis pensamientos. Soy el torpe de siempre. No busques en altas altitudes a aquellos que planean en el fuego de la trinchera, en la frescura de la tempestad, en la obligación que mata. Yo sigo porque no hay motivo para dejar que ganen la partida. Avísame si mi mundo se sitúa en tu mundo.